Cuando uno, o en este caso, yo, se acuerda o me acuerdo de Vivir, se olvida, o me olvido de escribir. Y de leer. O al menos no lo hace o lo hago, tanto.
Una semana entera sin leer más que las etiquetas de los Vinos, carteles en la calle y folletos turísticos.
Una semana circulando por suelo salteño.
Siete días con la sensación constante de estar en otro país. Aunque no sólo es estarlo, sino serlo.
Ser un extranjero.
Forastera en mi Tierra que le dicen.
Tiene su encanto, sin dudas.
Hacía rato que no disfrutaba de la impunidad que envuelve al turista.
He caminado en estos días mucho más que el resultado de sumar los pasos dados en el último año.
Mis tobillos se han hinchado proporcionalmente a mi sonrisa.
Que no es poco.